De la naturaleza a la cruz: el universo de Gaudí en la iglesia más alta del mundo
La profesora Asunción Domeño analiza en la Universidad de Navarra la simbología del templo, que este año conmemora el centenario de su creador y recibirá la visita del papa León XIV
26 | 05 | 2021
La Basílica de la Sagrada Familia reúne infinidad de curiosidades, como que sus ángeles no tienen alas y están esculpidos a imagen y semejanza de ciudadanos de Barcelona. O que la borrica de la huida a Egipto no podía ser cualquiera y terminó siendo Margarita, una burra inquieta que hubo que levantar con poleas para hacer el vaciado de la escultura. También podría decirse que, desde febrero de este año, es la iglesia más alta del mundo, con 172, 5 metros, o que lleva 144 años en proceso de construcción.
Lo que es ampliamente conocido, sin embargo, es que la Sagrada Familia fue la obra más importante de Antonio Gaudí, como explicó la profesora Asunción Domeño, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, en una sesión en el campus de Madrid. El arquitecto dedicó cuarenta y tres años de su vida a una obra que este año, en el que se conmemora el centenario de su muerte, recibirá la bendición del papa León XIV en su viaje por España.
El 10 de junio el pontífice visitará Barcelona para bendecir la torre de Jesucristo, que corona el templo con una gran cruz que Gaudí describió así: “La torre de en medio, más alta que todas, acabará con una cruz de cuatro brazos, de donde saldrán rayos de luz que en las noches de grandes solemnidades dibujarán una cruz en el espacio…”. El arquitecto quería que el mundo entero levantase la mirada al cielo y que encontrase en ella un mensaje de esperanza.
Con motivo de esta visita, Asunción Domeño hizo una aproximación a la vida de Antonio Gaudí, “uno de los máximos exponentes del modernismo español”, y a la obra que soñó: la Sagrada Familia. “Él sabía que no le daría tiempo a terminarla, pero la concibió consciente de ello y dejó numerosas maquetas y dibujos”, señaló la profesora.
Barcelona era una “oportunidad” para los arquitectos neogóticos y modernistas de mediados del siglo XIX. La ciudad, que hasta entonces se encontraba “encorsetada entre murallas, con un trazado medieval que le impedía crecer a lo ancho”, empezó a expandirse más allá de ellas: “Tenía un importante desarrollo industrial, había experimentado una renovación cultural y se había propuesto un ensanche urbanístico ambicioso”.
Por su parte, “Antonio Gaudí pertenecía a una familia de artesanos y siempre mostró un gran cariño y respeto por el trabajo manual”, apuntó Domeño. Además, “era un niño enfermizo y en los periodos de convalecencia, en los que le animaban a dar paseos, se acostumbró a contemplar y analizar la naturaleza: las alas de los pájaros, los ciclos de la vida de las plantas, los troncos…”.
“La fe, la tierra y la naturaleza son los pilares del universo de Gaudí”, afirmó la profesora de Historia del Arte, quien recordó que para el autor, “la belleza es el resplandor de la verdad”. En el templo, el arquitecto proyectó algunas de las fórmulas geométricas que practicó en otras obras. Había heredado el proyecto, pues el encargo inicialmente lo asumió Francisco de Paula del Villar y Lozano, lo que le obligó a construir a partir de una planta poco innovadora; “si bien supo darle un nuevo enfoque y reorganizar los programas iconográficos”.
Gaudí se inspiró en la naturaleza para diseñar la basílica, por lo que su interior recuerda a un bosque, con columnas que evocan los árboles y una cubierta que evoca un cielo estrellado. También empleó el color como elemento narrativo y jugó constantemente con la simbología.
“La torre que se acaba de coronar la Sagrada Familia, la más alta, está dedicada a Jesucristo y rodeada de las cuatro torres de los evangelistas. Hay otra dedicada a María. Las doce de las portadas representan a los apóstoles y las 20 columnas representan la iglesia universal”, enumeró Domeño, quien analizó detalles representados en los retablos y portadas exteriores, como aquellos ángeles sin alas, pues “si Dios había tomado forma de hombre, los ángeles no podían ser diferentes”.
“Ángeles que tocan música clásica, religiosa y profana -explicó la profesora-. Gaudí quería que tuviese un carácter realista y que transmitiera a los fieles”. Por eso también, fotografiaron a ciudadanos con nombre propio para inspirar las esculturas, representaron plantas perfectamente identificables, como el olivo, el laurel, el papiro o la flor de loto, y buscaron gallinas, gallos, gansos, patos, tortugas, lechuzas o a la burra Margarita. “En la Sagrada Familia -recordó Asunción Domeño-, toda la naturaleza celebra el nacimiento de Cristo”.