Antonio Basanta: “El belén es la historia de un amor constante, cálido y acogedor que no discrimina a nada ni nadie”

La Universidad de Navarra acoge la exposición ‘La vuelta al mundo en 50 belenes’

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Antonio Basanta FOTO: CEDIDA
13/11/19 15:14

El belén es una historia de amor. Un amor “constante, cálido y acogedor”, apunta Antonio Basanta, curator de la exposición ‘La vuelta al mundo en 50 belenes’, que acoge la Sede de Posgrado de la Universidad de Navarra, en Madrid.

“Es el Amor de Dios hacia los hombres y de los hombres hacia Dios. El amor de unos padres pobres y desamparados hacia su hijo recién nacido. Y el de Éste hacia cada uno de ellos”, señala.

La muestra, que podrá visitarse hasta el 15 de enero de 2020, presenta la Natividad desde distintas miradas: la de artesanos de África, Asia, Oceanía, América y Europa que presentan el Misterio desde las tradiciones y la cultura de estas cinco regiones.

¿Cómo comienza la tradición del belén?

La tradición del belén está ligada a la de la propia celebración en el calendario litúrgico cristiano de la fiesta de la Natividad, lo que no se produce hasta el primer tercio del siglo IV d.C. Por cierto, con una aportación española muy importante y decisiva. A partir de esa fecha comienzan a celebrarse representaciones litúrgicas, en forma de ceremonias y escenificaciones teatrales, inicialmente en torno a la cuna en la que nació Jesús, como apelación a la madera, que es principio y fin de su vida: la madera del establo y la cuna y la madera de la Cruz. Al cabo de los años, y debido a la multitud de elementos profanos que van introduciéndose en dichas celebraciones, la iglesia prohíbe tales actos. Y es entonces cuando la actuación de las personas se sustituye por la presencia de esculturas, en ocasiones encargadas exprofeso. Ese es el caso del belén más antiguo que se conserva en el mundo. Pertenece a finales del siglo XIII, es obra del escultor y arquitecto florentino Arnolfo di Cambio y se puede admirar en la iglesia de Santa María la Mayor de Roma, que precisamente por incorporar dicho belén recibe popularmente el nombre de Santa María ad Praesepe.

Cuando pensamos en un belén, imaginamos una serie de figuras imprescindibles. Además del Niño, la Virgen y San José, pensamos en el Ángel, la mula y el buey, los pastores, los Magos. ¿Por qué?

Las figuras principales, aquellas que nunca pueden faltar, son las de la Virgen María, San José y el Niño. Eso que en España bellamente llamamos El Misterio, sintagma cargado de evocación y sentido. Junto a ellos aparecen primero los pastores. Y ese hecho no es baladí, porque rompe el protocolo de los actos de pleitesía o reconocimiento de un rey. En efecto, cuando un monarca es entronizado, quienes primero acuden son los poderosos, los nobles, los que gozan de mejor posición social, en tanto las clases más humildes participan, si es que son invitadas a ello, en último lugar.

¿Por qué los pastores son los primeros en adorar al Niño?

Jesús nace especialmente para los humildes, para los pobres, para los que sufren, para los desvalidos… Y ese mensaje se expresa en el belén de forma tan intensa como explícita. De ahí que sean los pastores quienes primero acuden, pastores que además han conocido el hecho también a través de una forma reservada tradicionalmente para los más “ilustrados”: a través de uno de los emisarios de Dios, representante de ese coro de ángeles que, a su vez, entroncan con las antiguas mitologías sumerias, egipcias, griegas (Hermes) y romanas (Mercurio), donde ya existe la figura de un mensajero alado de la divinidad.

¿Quiénes son los Magos?, que, como advierte, llegan al Portal en último lugar.

Los Magos son personajes especialmente apreciados en la cultura española, que luego los difunde por los territorios del Imperio, especialmente en América. Tres Magos, en uso de la trilogía mágica y divina. Tres Magos porque tres son los continentes –y las razas– existentes en el Medievo en que se fija su número. Tres Magos, en fin, porque tres son los regalos que presentan. Y tres Magos nombrados siempre en un orden establecido e inmutable: Melchor, Gaspar y Baltasar. Del de mayor edad al más joven, como señal luminosa de respeto a los ancianos.

¿Y los animales? Junto al pesebre colocamos las figuras de la mula y el buey.

La presencia de la mula y el buey en el belén es también genuinamente española. ¿Y por qué estos dos animales en concreto? Podríamos pensar que porque ambos están ligados a la cultura campesina, en que tradicionalmente se integra el belén. Eso es cierto, pero a ello se suma un significado simbólico más relevante. Tiene que ver con el hecho de que buey y mula ocupen los últimos lugares en la jerarquía animal de las sociedades primitivas. Y la razón de esa posición tan inferior es que ambos son estériles. No hay que olvidar que la infecundidad era considerada como un defecto, cuando no como un castigo infligido a las personas que hubieran cometido una falta grave. Pues bien, el mensaje del Niño del Amor es tan intenso, que quiere que estos animales –de uno y otro existen leyendas bellísimas– casi proscritos sean quienes compartan en condición privilegiada su venida al mundo. Porque, como el propio Jesús dirá: “…los últimos serán los primeros en el Reino de los Cielos”. [Mateo 19,30-20,16].

La exposición 'La vuelta al mundo en 50 belenes' ofrece un recorrido por África, Asia, Oceanía, Europa y América. Las tradiciones y las culturas proporcionan distintos puntos de vista para un mismo Misterio. ¿Qué peculiaridades se observan según la región?

Una de las riquezas que ofrece el belén es su extraordinaria y casi infinita variedad. En buena medida, eso fue lo que hace años nos animó a iniciar nuestra colección, que tanto nos complace compartir en exposiciones como la que felizmente alberga en estas Navidades el Campus de la Universidad de Navarra en Madrid. Dentro de dicha diversidad es cierto que existen unas constantes definitorias del belén de cada uno de los continentes: en el caso de los belenes africanos destacaría la sobriedad y serenidad de sus composiciones, su reverencial quietud y respeto. En el de los asiáticos, el de su espiritualidad, tan íntima, tan delicada. América, sobre todo en el amplio territorio que va desde México al Cabo de Hornos, en el belén es el universo del colorido, de la imaginación, de la fantasía. Europa, continente fundacional del belén, lo es del clasicismo equilibrado, no exento de innovación. Y en Oceanía confluyen dos corrientes complementarias: la de los belenes étnicos, que se basan en las culturas ancestrales del continente, y, en sentido contrario, la festiva modernidad de muchos de ellos, su carácter desenfadado y hasta humorístico.

Los belenes expuestos cuentan una única historia desde puntos de vistas diferentes.

Cuentan la historia más maravillosa que jamás se haya narrado o escrito. Tanto, que aún sigue estando tan viva hoy como en el día en el que surgió, hace ya más de dos mil años. Y esa historia básicamente es la historia de un amor constante, cálido y acogedor, que a nada ni nadie discrimina, que a todos congrega. Es el Amor de Dios hacia los hombres y de los hombres hacia Dios. El amor de unos padres pobres y desamparados hacia su hijo recién nacido. Y el de Éste hacia cada uno de ellos. El amor de las criaturas celestiales, y el de los todos los seres de la Naturaleza a quien viene a traer en verdad la Nueva Vida…Eso es en sí mismo el belén: el homenaje al Amor de Jesús como fuerza vital imprescindible, la auténtica energía renovable que mueve el mundo, la que da sentido a cada uno de nuestros actos y nos permite acercarnos a la presencia imprescindible de Dios.

Esta muestra coincide con la conmemoración de la primera circunnavegación de la Tierra. ¿Qué relación encontramos entre un belén y el 500 aniversario de la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano?

La circunnavegación de la Tierra vino a probar definitivamente que el planeta es redondo. Lo mismo sucede en el belén, que en sí mismo es un círculo perfecto que se completa con el centro único del amor. Todo en el belén tiene un principio que enlaza mágicamente con su final. Empieza en el propio casamiento de María y de José, como expresión de un acto de amor. Se prolonga en la Anunciación, en que Dios manifiesta su Amor a María concediéndole el privilegio de ser la madre de Jesús. Como dice el villancico popular, por boca de Isabel, la prima de la Virgen, en ese encuentro que es también un intercambio enternecedor de amor. “Feliz serás porque entre las mujeres/ tan sólo a ti Dios te vino a elegir”. Y amor es lo que resplandece en el Portal, transformado en templo en lugar santo, en sagrario: “En Belén tocan a fuego/ del portal salen las llamas/ porque dicen que ha nacido/ el redentor de las almas”.

¿Cómo comenzó la Colección Basanta-Martín?

Mi esposa y yo heredamos de nuestros padres la tradición de montar un belén en Navidades. Así lo hacíamos en nuestras respectivas casas paternas y así lo hicimos cuando nos casamos, compartiéndolo después con nuestros tres hijos. Fue en el año 1977 cuando iniciamos la adquisición de grupos y figuras de belén, más allá de las que formaban nuestro belén doméstico. Mi profesión me llevaba a viajar de continuo por el mundo. Y fue entonces cuando descubrí –yo lo ignoraba por completo– que el belén estaba presente en la práctica totalidad del planeta. Que allá donde existiera una comunidad cristiana, el belén formaba parte de sus ritos más entrañables. Y aún más: que no había lugar en el que España hubiera tenido alguna presencia, donde no hubiese arraigado la tradición del belén. Por remoto que fuera el territorio o efímera que hubiera sido nuestra presencia. De entonces acá no hemos cesado de incorporar figuras y grupos a la colección, labor en la que tanto nos han auxiliado las órdenes y comunidades religiosas católicas implantadas en cada territorio o las agregadurías culturales de las embajadas españolas, de valiosísima ayuda.

¿Cuál fue el primer belén que adquirió?

Pues uno de los más modestos de la colección, pero que para mí tiene un sentido muy especial. Lo compré en el año 1963, con un dinero que mi padrino me había regalado en mi cumpleaños –soy del 25 de noviembre–. Y lo adquirí en uno de los puestos de la tradicional feria de Navidad de la Plaza Mayor de Madrid. Se trata de un modestísimo belén popular murciano, de esos que en el argot se conocen como “belenes de cacharrería”, pues era en esos establecimientos comerciales, hoy ya casi desaparecidos, donde también se podían comprar tales figuritas. Está compuesto por las figuras principales del Misterio y corresponde a lo que vulgarmente se denomina “belén del huevo frito” por esa aura característica que, en blanco y oro, rodea la cabeza del Niño, flanqueando la cabecera de la cuna.

Los Nacimientos expuestos son cada uno de ellos una obra de arte. ¿Resulta sencillo descubrir y escoger estas piezas?

Lo que resulta es muy gratificante. Si bien, cada vez somos más selectivos, buscando incorporar aquello que complete la colección o piezas que realmente supongan un valor añadido a lo que ya poseemos. Y cuando hablo de valor no me refiero sólo a lo crematístico. Muchas veces la tarea requiere de paciencia y no escasa confianza. Supone entrar en contacto con artistas y artesanos de todo el mundo, solicitar la adquisición de tal o cual belén, cerrar los calendarios de entrega (que casi nunca se cumplen) y concretar la forma de financiación de la pieza, sobre todo en el caso de que ésta tenga que ser elaborada exprofeso. En tal situación, es muy común que se nos solicite un anticipo, lo que supone asumir un riesgo. Pero tengo que decir que, después de centenares y centenares de ocasiones en que esto se ha producido, nunca hemos tenido un fallido o alguien que no terminara cumpliendo su compromiso. Yo siempre he pensado que tan feliz circunstancia sólo se puede explicar por el favor de la Providencia, del mismo modo que ésta se hace presente en el siempre azaroso ejercicio de envío de cada grupo desde el lugar de origen a su destino. Las piezas frecuentemente son muy frágiles. Los embalajes de más de un artesano, muy elementales. Y el trato que se da en el transporte a este tipo de envíos, muy mejorable en todos los sentidos. Pero lo cierto es que apenas hemos tenido percances. Y cuando estos han sucedido, siempre ha sido posible restaurar la figura dañada y así poderla lucir tal y como el artesano o artista la concibió.

Estos 50 belenes que se exponen estos meses en la Sede de Posgrado de la Universidad de Navarra son una muestra de un conjunto mayor. ¿Se puede decir que se trata de la colección privada de belenes más amplia del mundo?

Actualmente la colección la componen más de 4.000 belenes de todo el mundo y por encima de 25.000 figuras. Lo que exhibimos en la Sede de Posgrado de la Universidad, en Madrid, es, así pues, solo una parte del conjunto, pero nos hace muy felices haber podido llevarlo a cabo. El equipo de la Universidad nos ha prestado una ayuda extraordinaria: desde su director al último integrante de esta ejemplar entidad nos han acogido de una forma entusiasta y generosísima. Solo tenemos palabras de reconocimiento y de gratitud hacia todos ellos. Y el deseo, ojalá que cumplible, de que, en los próximos años, podamos seguir manteniendo la línea de colaboración ahora emprendida, pudiendo así ofrecer, en futuras Navidades, nuevas muestras de esta colección que forma parte inseparable de nuestra vida y de la de toda nuestra familia.

Los belenes que aparecen en las fotografías pertenecen a la Colección Basanta-Martín y han sido cedidas por la misma.

 

¡ Para ahondar con mayor profundidad en la historia, la tradición y la leyenda del belén, Antonio Basanta impartirá una conferencia el próximo lunes, 18 de noviembre, a las 19 horas en el Aula magna de la Sede.

 

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